Durante cinco siglos se ha dado por hecho que las piedras del Cusco se arrancaron de la cantera, se arrastraron durante kilómetros y se tallaron hasta encajar sin que quepa una hoja de afeitar. Nuestra División de Investigación está poniendo a prueba otra respuesta: que parte de esa mampostería sea piedra artificial, un hormigón geopolimérico vertido en el lugar.
La investigación la dirige Trevor Hawke, científico de materiales y Co-Director de la División de Investigación. Entre agosto de 2025 y abril de 2026 estudió el Koricancha, Saqsaywaman, el Palacio de Inca Roca y la Huaca Sapantiana con luz ultravioleta, espectrometría gamma y microscopía electrónica. Esta página presenta su trabajo, lo que ya está medido y lo que falta por demostrar.
Si las pruebas lo confirman, las piedras del Cusco no se tallaron en cantera: se fabricaron. Sería uno de los hallazgos más importantes de la ciencia de materiales de la Antigüedad.
¿Cómo se levantaron muros de bloques de más de cien toneladas, con juntas perfectas y sin argamasa visible? Hay dos respuestas sobre la mesa.
Es el que acepta la arqueología. Los bloques se extrajeron de canteras como Rumiqolqa (andesita, a 26,5 km del Cusco) o Huaccoto (a 11,5 km), se arrastraron hasta la ciudad, se labraron con percutores de piedra y se ajustaron por tanteo.
El físico Enrico Mattievich señaló su límite: la andesita tiene una dureza de 6 a 7 en la escala de Mohs; el bronce, de 3 a 4.
Un geopolímero es un polímero inorgánico de aluminosilicato. Se obtiene disolviendo material volcánico en una solución alcalina y, al fraguar, da una piedra durísima, de tipo cerámico. Joseph Davidovits demostró en 2019 que los bloques de arenisca de Pumapunku (Tiahuanaco) son granos de arena cementados por una matriz geopolimérica.
Cada bloque se habría vertido contra el anterior, ya endurecido, copiando su forma: de ahí la junta perfecta.

Científico de materiales, técnico de laboratorio y especialista en arqueología forense. Co-Director de la División de Investigación de la Fundación.
Está especializado en el análisis no destructivo de materiales antiguos y en el estudio de los geopolímeros. Mantiene un intercambio continuo de datos con Joseph y Ralph Davidovits, del Geopolymer Institute de Francia, ante cuyos especialistas ha presentado su trabajo. Este estudio es suyo, y la Fundación lo comparte y lo apoya.
Hormigón geopolimérico en el Cusco. Trevor Hawke presenta su línea de investigación.
Cuatro lugares, tres tipos de obra y un mismo método: mirar la piedra con otros ojos. Con luz ultravioleta de 365 nm aparece lo que a simple vista no se ve.




Bajo los dinteles del Koricancha y de Saqsaywaman hay depósitos blancos de calcita y natrón que brillan en azul con luz ultravioleta. La lluvia arrastra a la superficie los álcalis que no llegaron a reaccionar, como ocurre en un geopolímero. Una andesita natural es un sistema cerrado y no se comporta así.
Casi siempre están en la parte baja del bloque y agrupados por hiladas, y la fluorescencia ultravioleta se concentra justo debajo. No sirven para izar: no están en el punto de equilibrio. Trevor Hawke los interpreta como puntos de drenaje: al fraguar, la masa expulsa agua cargada de sales, que escurre hacia el punto más bajo.
En Inca Roca la cara de los bloques poligonales conserva marcas de alisado, las de un material trabajado cuando aún era blando.
En un dintel del Koricancha dos bloques contiguos comparten el mismo patrón de estratificación. Si se hubieran cortado por separado en la cantera, las vetas no coincidirían; si se vertieron juntos, sí.
Algunos sillares del Koricancha muestran remolinos de mezcla, como un mármol, y burbujas semiesféricas en su cara: aire atrapado contra el encofrado. En la roca volcánica las vesículas son alargadas, en la dirección de la colada.
Cuatro muestras de sillería, dos del Koricancha y dos de la Huaca Sapantiana, se analizaron con microscopía óptica y microscopía electrónica de barrido con microanálisis (SEM-EDS).
Una relación silicio/aluminio entre 2 y 3 corresponde a las redes que Davidovits llama poli(sialato-siloxo), las de mayor resistencia en un geopolímero. El índice de saturación catiónica mide cuántas cargas del aluminio quedan compensadas por sodio, potasio, calcio y magnesio: en torno a 1 es el equilibrio exacto de una mezcla bien dosificada. Y la relación calcio/silicio se repite, 0,12–0,13, en dos lugares distintos.
Todos los datos, en el informe completo →

La muestra 1B está llena de flores minerales blancas. Al microscopio electrónico son racimos de agujas y cubos de ángulos rectos que crecieron en el lugar, dentro de los poros. En ellos el calcio se duplica, y el silicio y el aluminio casi desaparecen: los cristales tomaron su materia del propio aglutinante.
Es la carbonatación interna de los cementos activados con álcalis. Estructuras así de delicadas no sobreviven a una colada de lava.
Dentro de la muestra apareció un microartrópodo completo, con estructuras semejantes a antenas y un abdomen segmentado. Su exoesqueleto está preservado, sin carbonizar, y la matriz lo envuelve sin fisuras.
Una andesita cristaliza a más de 900 °C y ningún organismo sobrevive a eso. Un hormigón que fragua a temperatura ambiente sí puede atrapar un insecto del suelo durante la mezcla. Davidovits describió hallazgos parecidos en los moáis de la Isla de Pascua.
El 26 de agosto de 2025 Trevor Hawke recorrió 1,48 km, de la Plaza de Armas al Koricancha, con un espectrómetro gamma. El fondo fue de 15–16 μR/h, lo propio de la altitud del Cusco. Junto a la sillería de la calle Loreto subió a 18,5–19,5 μR/h, y el máximo, 20,71 μR/h, se alcanzó en el Koricancha.
Enrico Mattievich, físico nuclear de la Universidad Federal de Río de Janeiro, llamó la atención sobre ciertos paramentos del Koricancha, tan lisos que reflejan la luz. Para que una superficie actúe como un espejo, sus irregularidades deben ser menores que una fracción de la longitud de onda de la luz: unos 60 nanómetros.
Δh < λ / (8 · cos θ)Criterio de rugosidad de Rayleigh
Es un acabado muy difícil de lograr desbastando con piedra o bronce una roca de dureza 6–7. El geopolímero ofrece otra explicación: al alisar con llana una pasta aún plástica, los granos gruesos se hunden y sube una película de gel finísimo que, al fraguar, queda lisa como el vidrio. El pulido de Mattievich y la química de Hawke serían dos caras de una misma técnica.
Por comprobar: la rugosidad de estos paramentos aún no se ha medido.
«…y aunque es verdad que se la echaban, era de un barro colorado (que en su lengua le llaman llancac allpa, que es barro pegajoso) hecho leche, del cual barro no quedaba señal ninguna entre las piedras.»Inca Garcilaso de la Vega · Comentarios Reales, 1609
Pedro Cieza de León, citado por Garcilaso, recoge que en el palacio de Tambo se halló oro derretido en lugar de mezcla, «juntamente con el betún que ellos ponen». Los propios cronistas hablan de un barro pegajoso y de un betún entre las piedras.
Mattievich reunió las huellas del vulcanismo andino hace 3.500 años: la ceniza de la cueva de Huargo, fechada en 1.620 ± 230 a. C., y el volcán Quinsachata, junto al templo de Wiracocha en Raqchi, cuya lava resultó rica en sodio. La región ofrecía en abundancia el material volcánico que un geopolímero necesita.
Queremos que esta investigación resista cualquier examen. Por eso decimos con claridad qué está medido y qué falta.
Cuando se abra el túnel del Proyecto Qosqo, Trevor Hawke dirigirá el estudio de su piedra. Será la primera vez que una obra subterránea intacta del Cusco se analice con estas técnicas desde el primer día.

Trevor Hawke · con aportes de Enrico Mattievich · Pi Rambla Heritage Foundation
Todos los datos, los métodos y las referencias, en un documento de 6 páginas.
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