«Algunos hombres se lanzan al descubrimiento del Nuevo Mundo guiados por el incentivo de las riquezas, pero Dios los impulsa hacia allá con un fin mucho más elevado.»Tommaso Campanella · La Ciudad del Sol, 1602
En los mapas antiguos, más allá del extremo oriental de Asia, aparece una inmensa península que se adentra en el océano hacia el sur: la Cola del Dragón. Durante siglos se tuvo por una tierra imaginaria.
La revisión de la cartografía de Marino de Tiro, Claudio Ptolomeo, Al-Juarismi y los mapas de los siglos XV y XVI, realizada por destacados investigadores en los últimos sesenta años, ha permitido esclarecer por primera vez dónde estaba esa Tierra Mítica mencionada en tantas tradiciones antiguas.

La Cola del Dragón y Sudamérica son una y la misma tierra, dibujada en los mapas antes de que Cristóbal Colón cruzara el Atlántico.
Hacia el año 150, el geógrafo alejandrino Claudio Ptolomeo catalogó en su Geographike Hyphegesis unos ocho mil lugares del mundo conocido, con sus latitudes y longitudes.
Tras el golfo de Bengala y la península de Indochina, su mapamundi muestra un golfo al que llamó Sinus Magnus, el Gran Golfo, y a continuación una extraña tierra que se prolonga más allá del Ecuador. Ptolomeo la consideró una Tierra Mítica y cerró el mundo hacia los 20° de latitud sur.
Su obra, olvidada en el Occidente cristiano y conservada en el mundo árabe, volvió a Europa con la traducción latina de 1410. Sus mapas, copiados a mano y luego impresos en Roma (1478) y Ulm (1482 y 1486), guiaron la Era de los Descubrimientos.

El antropólogo e historiador argentino Dick Edgar Ibarra Grasso emprendió un exhaustivo estudio de estos mapas, publicado en La representación de América en mapas romanos de tiempos de Cristo. Sus conclusiones, de 1970, fueron decisivas:

El cronista portugués Antonio Galvão cuenta que en 1428 el infante Don Pedro trajo de Italia un mapamundi en el que el estrecho de Magallanes estaba situado en un lugar llamado la Cola del Dragón. Esa misma Cola del Dragón aparece en el mapamundi de Henricus Martellus, fechado en 1489: tres años antes del primer viaje de Colón.
En 1973, el historiador Paul Gallez, residente en Bahía Blanca (Argentina), descubrió en ese mapa toda la red fluvial de Sudamérica. Así lo contó:
«A las tres de la mañana me levanté y fui a ver la copia del mapa de Martellus, que había fotografiado en Londres. Uno por uno fui identificando los ríos: el Magdalena, el Amazonas, el Orinoco, el Paraná, el Paraguay, que sorprende por su precisión, todo con asombrosa exactitud… No faltaba ni sobraba ninguno.»Paul Gallez
Publicó su hallazgo en la prestigiosa revista alemana Erdkunde: «Les grands fleuves d'Amérique du Sud sur le ptolémée londonien de Henri Hammer».
Para Gallez, el sistema Paraná-Paraguay, con su forma de «Y» griega abierta al nor-noreste, su curso inferior que gira hacia el sureste y su desembocadura en un estuario, es un esquema único en el mundo, y el mapa de Martellus lo representa exactamente, junto con la Serra do Mar. Pensar que todo ello es fruto de la casualidad en la fantasía de un cartógrafo, concluyó, «es demostrar por lo menos ignorancia del cálculo de probabilidades».
Cristóbal Colón disponía de excelentes mapas de Sudamérica antes de emprender sus grandes exploraciones.
Martellus dibujó otro mapamundi hacia 1491, que conserva la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale. En 2018, el historiador de la cartografía Chet Van Duzer publicó el estudio de ese mapa mediante imágenes multiespectrales, capaces de recuperar lo que el tiempo había oscurecido.
Al ampliar esas imágenes comprobamos que el único paso entre mares en la Cola del Dragón del mapa de 1491 es justamente el futuro estrecho de Magallanes, que separa el continente de la Tierra del Fuego. La dimensión y la orientación en forma de «V» de la Tierra del Fuego son idénticas a las reales. El estrecho era conocido en la antigüedad, y los navegantes precolombinos llegaron más allá de los 50° de latitud sur, lo que supone una circunnavegación en tiempos muy remotos.
Imágenes: Lazarus Project / MegaVision / RIT / EMEL, cortesía de la Biblioteca Beinecke, Universidad de Yale.
En el mapa de Martín Waldseemüller de 1507, en el pequeño hemisferio junto a Américo Vespucio, se ve claramente el ángulo que forma la costa sudamericana del Pacífico entre el Perú y Chile, en la zona de Arica.
Ese ángulo no puede ser una casualidad: Waldseemüller tenía datos que no circulaban en Europa, dibujados forzosamente por navegantes que exploraron la costa americana del Pacífico antes de la llegada de los españoles. Vasco Núñez de Balboa no llegó a ese océano hasta 1513. En el mapa de Martellus de 1489 ya aparecen el lago Titicaca y ese mismo ángulo costero, menos pronunciado por usar otra proyección.

El mapa de Giacomo Gastaldi (1548) se rige por los mismos principios y dibuja además la Tierra del Fuego. Sudamérica aparece como una inmensa península unida por el noroeste, a través del istmo mesoamericano, al continente asiático: a China. Y China se representaba tradicionalmente por su emblema, el dragón. La gran península sudamericana es la Cola del Dragón: de ahí su nombre en la cartografía ptolemaica.
Con los estudios de Dick Edgar Ibarra Grasso, Enrique de Gandía, Paul Gallez, Gustavo Vargas Martínez, Jaime Errázuriz Zañartu y Gary Urton, entre otros, hoy podemos afirmar que la protocartografía sudamericana es la historia de la Cola del Dragón en los mapas del siglo XVI y de los siglos anteriores.
Los mapamundis medievales situaban en el extremo oriente, en las antípodas, un territorio misterioso y sagrado: el Paraíso Terrenal, de donde nacían los cuatro grandes ríos de la creación.
La primera representación completa de la Cola del Dragón, con sus costas pacífica y atlántica, la realizó Al-Juarismi en el siglo IX (año 833). Su extraordinario saber cartográfico presupone descubrimientos y expediciones marítimas anteriores: la Cola del Dragón ya era conocida en la antigüedad clásica.
En el mapamundi de fray Andreas Walsperger (Constanza, hacia 1448), con el sur arriba y el este a la izquierda, aparece una gran península que es Sudamérica. En su extremo oriental, un gran castillo representa el Paraíso Terrenal con sus ríos sagrados.

En su tercer viaje, en 1498, Colón llegó al golfo de Paria, entre la isla de Trinidad y Venezuela, junto a la desembocadura del Orinoco, en el paso que llamó la Boca del Dragón. Escribió entonces a los Reyes Católicos:
«Grandes indiçios son estos del Paraíso Terrenal, porqu'el sitio es conforme a la opinión d'estos sanctos e sacros theólogos.»Cristóbal Colón · 1498
Algunos historiadores concluyeron que deliraba. Pero Colón se limitó a leer correctamente sus mapas, como el de Walsperger, que mostraban el Paraíso más allá de la desembocadura del Orinoco. Las investigaciones más recientes sobre los mapas de Henricus Martellus aseguran que Colón los utilizó en sus viajes.
Nuestra conclusión, tras un exhaustivo análisis documental y cartográfico, es que las civilizaciones de la América precolombina y las del Viejo Mundo se relacionaron en la antigüedad, a través del océano Atlántico y del océano Pacífico.


Cattigara era el lugar de desembarco de los viajes transpacíficos. Ptolomeo la llama Cattigara Hormos Sinon, «anclaje de los chinos». Enrique de Gandía la menciona como el cabo de Cattigara en un mapamundi perdido de 1428, y Américo Vespucio y Magallanes la buscaron.
Por la abundancia de indicios en la cartografía antigua, la situamos en la costa del Perú, entre los 8°30' y los 15° de latitud sur. Allí, la bahía de Pisco-Paracas, a 13°50' sur, con sus aguas mansas, ha sido siempre uno de los mejores enclaves para la navegación.
En nuestras investigaciones arqueológicas submarinas en la reserva de Paracas hemos constatado que fue zona de desembarco de viajes transpacíficos hace más de 3.000 años: el mismo lugar donde se encuentra el Candelabro de Paracas.
Cattigara, Tarsis, Ophir y el Paraíso Terrenal son el sustrato cultural de los antiguos mitos, procedentes de la Cultura Madre Primigenia, que las culturas americanas llamaban la Tierra Mítica: una tierra de origen polar austral, nombrada en todas las culturas precolombinas y en textos antiguos de las culturas indoeuropeas.
La Cultura Madre Primigenia →Las investigaciones continúan. En esta página iremos publicando los nuevos datos de la cartografía antigua obtenidos después de la edición del libro.
La base de esta investigación se desarrolla en el capítulo 2 de Umbilicus Mundi, «Tierra Mítica. La Cola del Dragón», de Anselm Pi Rambla.
Ver Umbilicus Mundi →