Cuando los españoles llegaron al Perú, los incas les contaron que Tiahuanaco había sido siempre una ciudad en ruinas: la ciudad de los primeros hombres, creada por el dios Wiracocha.
Entre 2028 y 2029, la Fundación retomará el trabajo que empezó en Tiahuanaco en los años ochenta con un proyecto nuevo, el Tiwanaku Project: una prospección con georradar de toda la zona arqueológica —la Akapana, el Kalasasaya, la Puerta del Sol, Pumapunku— y, después, una exploración subacuática del lago Titicaca. Siempre con la autorización del Ministerio de Culturas de Bolivia.





En los años ochenta, el equipo de Anselm Pi Rambla filmó todo el complejo arqueológico de Tiahuanaco y comparó después las imágenes con los estudios del ingeniero Arthur Posnansky.
En el lago Titicaca, el equipo trabajó en las islas de Taquile y Amantani con sus habitantes y documentó sus rituales. Más tarde estudió la expedición que Jacques-Yves Cousteau había hecho al lago en 1968 con sus submarinos. Fue un trabajo de documentación y de estudio: entonces no se hicieron prospecciones con georradar ni inmersiones en el lago.
Tiahuanaco: la puerta del Kalasasaya, la Puerta del Sol, monolitos del templete semisubterráneo y una escultura felina. Fotos: archivo Pi Rambla Heritage (equipo Bohic Ruz Explorer, años ochenta).
A principios del siglo XX, el ingeniero Arthur Posnansky propuso fechar Tiahuanaco por la orientación de sus monumentos. En el Kalasasaya midió un ángulo de 23° 8′ 48″, que interpretó como la oblicuidad de la eclíptica en el momento de su construcción, y de ahí dedujo una fecha cercana al 15.000 a. C.
Según el propio Posnansky, entre 1927 y 1930 un grupo de astrónomos —Hans Ludendorff, director del Observatorio de Potsdam; Friedrich Becker, del Observatorio Vaticano; Arnold Kohlschütter, de la Universidad de Bonn, y Rolf Müller, del Instituto Astrofísico de Potsdam— revisó sus mediciones y consideró posible esa fecha. Posnansky llegó a relacionar Tiahuanaco con la Atlántida, y eso restó crédito a su trabajo.
Hoy la arqueología fecha Tiahuanaco con radiocarbono: sus primeros monumentos, como el templete semisubterráneo y el Kalasasaya, son de los primeros siglos de nuestra era; la Akapana se empezó a construir hacia el siglo VII, y el Estado tiwanaku se desarrolló entre los siglos V y XII. La fecha de Posnansky se considera descartada, pero su obra sigue siendo una referencia de la arqueoastronomía andina.
Algunas tradiciones andinas cuentan que el nombre antiguo de Tiahuanaco era «Chuchara» y que había dos ciudades, una encima de otra: arriba vivían los trabajadores y estaban los talleres; abajo estaba la ciudad principal, a la que se entraba por varias galerías.
No es la única tradición de ese tipo. En 1877, el viajero estadounidense E. George Squier recorrió Tiahuanaco y, al describir la Akapana, a la que llamaba «la Fortaleza», recogió esta otra:
«Cuenta la tradición que bajo el gran montículo hay grandes bóvedas llenas de tesoros, y que aquí comienza un pasaje subterráneo que lleva al Cusco, a más de cuatrocientas millas de distancia.»E. George Squier · Peru: Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas, 1877, pp. 281-282
Unos 640 kilómetros. Squier añade que el naturalista Johann Jakob von Tschudi encontró algunas «cavernas» bajo las ruinas —sin que conste si bajo la Akapana— e intentó entrar en ellas, pero «se alegró de que lo sacaran, porque pronto se sofocaba». El propio Squier reconoce que no halló esas bóvedas ni esos pasajes, «pero no niego su existencia». Es casi la misma historia que se cuenta de la Chinkana del Cusco.
Sin descartar esas tradiciones, y con los datos reunidos durante años de investigación, la Fundación plantea una hipótesis: que entre 10 y 25 metros de profundidad podría haber otro Tiahuanaco, más antiguo. Solo se ha excavado una pequeña parte de la zona arqueológica.
En Tiahuanaco ya se han hecho prospecciones geofísicas. Entre 2002 y 2007, el Proyecto Arqueológico Pumapunku-Akapana, dirigido por Alexei Vranich, combinó georradar, magnetometría y otros métodos, y detectó cimientos, canales y recintos cerca de la superficie. El Tiwanaku Project quiere mirar más abajo.
Es una hipótesis, no un resultado: es la pregunta que el georradar tendrá que responder.
El químico Joseph Davidovits, creador de la química de los geopolímeros, sostiene que algunos bloques de Pumapunku son de piedra artificial, una especie de hormigón geopolimérico. En el Cusco, Trevor Hawke investiga esa misma pregunta.
Geopolímeros →El lago Titicaca, a 3.812 metros de altitud entre Bolivia y el Perú, ha atraído durante décadas a buscadores de tesoros y de ciudades perdidas. Hay muchos relatos:
El buzo estadounidense William Mardoff, contratado para buscar un tesoro, no lo encontró, pero describió «una ciudad sumergida de titanes» cubierta de lodo y algas.
La expedición argentina «Fer de Lance», dirigida por Ramón Avellaneda, dijo haber fotografiado bajo el agua muros de grandes bloques y caminos empedrados.
Durante el rodaje de la película El lago sagrado, de Hugo Boero Rojo, el equipo habló de «terraplenes ciclópeos semejantes a la fortaleza de Sacsayhuamán». El 4 de diciembre de 1980, la prensa de La Paz publicó declaraciones de buzos que describían bloques de piedra monumentales y caminos que se perdían en la profundidad.
Son relatos que no se han confirmado con estudios científicos publicados.
En 1968, Jacques-Yves Cousteau bajó al lago con sus submarinos en busca de ciudades sumergidas. No encontró ruinas, pero filmó la rana gigante del Titicaca a 120 metros de profundidad.
La arqueología subacuática científica llegó después. En 2013, el equipo de Christophe Delaere (Universidad Libre de Bruselas y Universidad de Oxford) excavó el arrecife de Khoa, junto a la Isla del Sol, a entre 5 y 7 metros de profundidad, con sonar, fotogrametría 3D y excavación estratigráfica. Encontró ofrendas rituales de la época de Tiwanaku, fechadas entre los años 794 y 964 d. C.: incensarios de cerámica con forma de puma, llamas jóvenes sacrificadas, piezas de oro con el rostro de la divinidad tiwanaku, piedras finas y conchas de Spondylus traídas desde la costa de Ecuador, a unos 2.000 kilómetros. Unas anclas de piedra muestran que las ofrendas se arrojaban desde barcas. Lo publicó en 2019 en la revista PNAS.
No son ciudades sumergidas, sino ofrendas en un arrecife sagrado. Pero confirman que el lago era un centro sagrado siglos antes de los incas, y su método —sonar, fotogrametría, excavación estratigráfica y datación— es el que seguirá la fase subacuática del Tiwanaku Project.
El Tiwanaku Project se desarrollará entre 2028 y 2029. Es un plan de investigación, siempre con la autorización del Ministerio de Culturas de Bolivia:
Una prospección con georradar 3D de la Akapana, el Kalasasaya, la Puerta del Sol, el templete semisubterráneo y Pumapunku, para buscar estructuras enterradas a más profundidad que los estudios anteriores.
Contrastar los resultados con nuestras filmaciones de los años ochenta, con las mediciones de Posnansky y con las prospecciones geofísicas ya publicadas.
En una segunda fase, una exploración subacuática del lago, con sonar y fotogrametría, que continúe los trabajos hechos hasta ahora.